Injerto de hueso en la operación de columna: ¿por qué?

Algunas intervenciones de la columna vertebral consisten en realizar una artodesis como parte o totalidad de la operación. La artrodesis es un procedimiento quirúrgico que consiste en fijar o fusionar una articulación, ya sea de la columna o de las extremidades. El origen del término es griego, viene de arthr(o) “articulación” y désis “unión o fijación”.

Para la realización de la artrodesis se lleva a cabo una preparación de las superficies a fusionar y la implantación de algún dispositivo que inmovilice las articulaciones. En la columna vertebral los implantes que se suelen usar con más frecuencia son los tornillos pediculares y las cajas intersomáticas.

Además de los implantes se debe añadir un agente biológico que una las superficies óseas entre sí definitivamente. Podría usarse la analogía del cemento entre dos ladrillos, es decir, un agente que proporcione estabilidad estructural y mecánica entre dos huesos o vértebras distintas. Ese agente suele ser el injerto de hueso o sustituto óseo.

Imagen histológica con tinción de Tricrómico de Mason en la que se observa un corte de tejido óseo en formación y remodelación, con osteocitos marcados por flecha roja (células formadoras de hueso) y osteoclasto por flecha naranja (célula destructora de hueso).  Fuente de la imágen: Tesis Doctoral del Dr. Alberto Hernández.

Imagen histológica con tinción de Tricrómico de Mason en la que se observa un corte de tejido óseo en formación y remodelación, con osteocitos marcados por flecha roja (células formadoras de hueso) y osteoclasto por flecha naranja (célula destructora de hueso).
Fuente de la imágen: Tesis Doctoral del Dr. Alberto Hernández.

El injerto de hueso puede tener distintos orígenes. El más frecuentemente empleado es el autoinjerto óseo, es decir hueso del propio paciente obtenido de una zona distinta a la que se artrodesa. En la columna vertebral es muy habitual que se use el injerto óseo obtenido de la laminectomía o descompresión durante la misma operación. El autoinjerto de cresta ilíaca –de la pelvis del propio paciente- es uno de los más potentes a la hora de conseguir la artrodesis. No siempre se emplea el autoinjerto de cresta ilíaca, ya que su obtención es otra pequeña operación que en ocasiones deja un dolor residual, aunque por su gran eficacia se sigue empleando con cierta rutina.

Otro injerto de hueso que se emplea con mucha frecuencia es el aloinjerto de Banco de Huesos. Éste es hueso humano de donante, que se emplea con el mismo rigor y exigencias de cualquier transplante por lo que es de gran seguridad. Es muy eficaz como expansor del injerto propio del paciente.

Existen productos sintéticos o comerciales que pueden proporcionar estructura o armazón para que el propio cuerpo genere formación de hueso a través del producto, son lo que se denominan productos osteoconductivos, como los sales cálcicas y productos cerámicos o coralinos.

Lo que hacen otros productos es estimular a las propias células madre del paciente para generar células formadoras de hueso, fenómeno que se denomina osteoinducción.

La elección de un tipo de injerto, sustituto óseo o estimulador de la formación de hueso depende de las características de la artrodesis que se va a realizar, edad y características del paciente, si es una intervención sobre territorio sano o una reintervención. Esos factores conducen a la elección del que pueda ser el mejor agente para unir las dos superficies móviles y así conseguir que las dos o más vértebras queden fusionadas y mejoren los síntomas del paciente.